
Oh, Santa Mariana de Jesús, Azucena
De Quito; vos sois la hija del Dios de la vida,
Aquella santa mujer que servir quiso,
A aquél que todo lo ve,
Desde los claustros santos;
Pero Él,en su infinita sabiduría,
Teneros en el mundo quiso,
Para que desde allí,
Pudierais con vuestra tarea cumplir,
Hasta la entrega total de la propia vida;
Porque bien sabíais vos,
Que deberíais negaros a sí misma,
Para crecer en los demás,
Ya que allí el secreto reposa,
Del amor verdadero.